Ya lo sabíamos

Columna: Política de emergencia

Por: Armando Bayona | Biólogo

Sabíamos, desde tiempos de Vicente Fox, que el proyecto del aeropuerto en Texcoco era una trampa: un despojo a los habitantes de los ejidos alrededor del lago, un ecocidio; una obra sobre el peor terreno posible y una estrategia para agandallar el terreno del aeropuerto actual para negocios millonarios. Algunos fuimos sabiendo que el gobierno había intentado que varios institutos y centros de investigación de prestigio, incluidos algunos de la UNAM, la UAM, el Poli y el Conacyt, realizaran la manifestación de impacto ambiental (MIA) con dictamen positivo, cosa que  dignamente se negaron a hacer a pesar del considerable pago que se ofrecía. Sólo uno de ellos aceptó el moche. Sabíamos que saldría carísima la obra y después más caro el mantenimiento, al estar la construcción sobre terrenos saturados con agua, inundables, colapsables y muy, pero muy corrosivos (de ellos se extrajo sosa cáustica durante muchos años). Sabíamos que tendrían que cerrarse dos aeropuertos para que pudiera operar, uno de ellos, el de la CDMX, el mayor del país, remodelado hace pocos años y con un nuevo hangar presidencial que salió carísimo.

Lo sabíamos, nos manifestamos al respecto, y nadie nos hizo caso. Y allí, denunciando como siempre, estaba López Obrador.

Así que, desde su campaña presidencial de 2006, uno de sus compromisos fue cancelar ese proyecto, y claro, lo hizo cuando ya fue presidente.

Según datos oficiales, el costo del nuevo aeropuerto en Santa Lucía, que estará listo antes de lo que lo hubiera estado el de Texcoco, incluyendo indemnizaciones a las empresas a quienes se les cancelaron contratos, es menor de lo que hubiera costado este último, aun si no hubiera aumentado el costo, o alargado el tiempo de entrega, como era lo normal en casi cualquier proyecto de gobiernos anteriores.

Sabíamos que AMLO quería desaparecer el Estado Mayor Presidencial; que convertiría Los Pinos en un centro cultural; que haría lo posible, dentro de lo legal, para rehabilitar a las maltrechas empresas energéticas del Estado; que crearía una nueva policía, la guardia nacional, y atacaría las causas de la delincuencia, con más universidades, trabajo, espacios públicos y programas sociales. Que no subirían los impuestos, pero se cobraría lo justo a los grandes contribuyentes que habían gozado de exenciones y devoluciones, o habían usado factureras y otros mecanismos para evadir pagarlos.

Sabemos que su idea básica era combatir la inmensa corrupción existente, de arriba hacia abajo, “Como se barren las escaleras” Y siendo ya presidente, todos estos compromisos los ha venido cumpliendo, a veces con más lentitud de la que quisiéramos, otras con gran eficacia.

Sabemos, porque lo repitió cientos de veces, que “por el bien de todos, primero los pobres”. Son ideas que, además, había escrito en sus libros o expresado en entrevistas desde hace décadas, que había planteado en numerosos mítines y asambleas por todo el país; que habían sido denostadas o criticadas en numerosos medios y oportunidades. El que quería saber podía hacerlo, y muchos coincidíamos con esas ideas.

Sabíamos que quería recuperar la soberanía nacional, luego de el servilismo indigno, ridículo y hasta traidor que practicaron sus antecesores, pero no imaginábamos a qué grado lo lograría: hacer que Trump no volviera a mencionar el muro y elogiara el papel de los migrantes en su país fue sorprendente; lograr que Biden donara millones de vacunas a México y que ahora esté a punto de adoptar políticas de arraigo y combate al cambio climático como Sembrando Vida en Centroamérica, para contener la migración, es también notable. El gobierno mexicano rescató y dio asilo al presidente Evo Morales, que pudo haber sido asesinado en el golpe de estado de noviembre de 2019, del mismo modo que ha defendido a Cuba contra el bloqueo. Además el discurso de López Obrador por el aniversario de Bolívar; la carta invitando al rey de España a disculparse por el genocidio y esclavización de los pueblos originarios en el siglo XVI, le han devuelto a nuestro país al honroso lugar que tuvo por décadas como líder de la diplomacia en Latinoamérica y despertado reconocimiento y admiración en muchos países del mundo.

Esto no lo sabíamos, pero vino una pandemia, la peor que se recuerda, y el gobierno de México adoptó una política basada en la ciencia y el convencimiento, que logró por ejemplo, evitar que aumentara tanto como en otras partes el número de casos, así que no hubo escasez de camas; mientras  la economía cayó menos y se está recuperando más que en otros países. Se tuvo éxito en la vacunación (conseguir las vacunas en un mercado que se las negó a muchos países) con base en las negociaciones internacionales y el involucramiento de muchas instituciones.

Los compromisos de López Obrador estaban claros, y sus razones las sabíamos de tiempo atrás. Los 30 millones de votos que obtuvo, son el mayor aval para legitimarlos.

Entonces ¿Qué pueden reclamar los que no están de acuerdo con la 4T?

Quizá algunos esperaban que no fuera a cumplirlos, como hacían sus antecesores, tal como Vicente Fox se olvidó de acabar con las tepocatas; o que se pusiera a hacer otras cosas no previstas, como Calderón su guerra o Peña Nieto su pacto para despojar a México. Pensaron quizá que eran sólo una estratagema para ganar votos y que luego no se tomaría la molestia de cumplir. Bueno, pues se equivocaron.

Deberíamos saber que esto se llama democracia, y esta ha sido de las pocas veces que ha operado en México: nos ofrecen dos o más opciones, las sopesamos y vamos (o no vamos) a votar por alguna de ellas. Y después no tendría que sorprender a nadie que aquellos que ganaron, gobiernen, y menos que cumplan los compromisos hechos en campaña, como está ocurriendo.

Sabemos que la oposición no aceptará un aeropuerto aunque cuesta más barato, esté listo más pronto y no inutilice los que ya existen; no querrá admitir que los precios de los combustibles se han mantenido estables; odiará siempre que seamos uno de los países del mundo con más vacunas covid aplicadas y una campaña de vacunación perfectamente orquestada; y hasta rechazará una ley que permite revocarle el mandato al presidente a medio sexenio. Es evidente que la lógica y el sentido común no tienen nada que ver con estas posturas, sino el afán de golpear y desprestigiar al gobierno al que se oponen, buscando ganar algunas conciencias y opiniones, o mantener la credibilidad de quienes ya están convencidos, a pesar de la falta de argumentos y de amarre con la realidad.

Sabíamos desde hace años que golpeaban a López Obrador, como hoy a su gobierno, con cualquier clase de mentiras, exageraciones e interpretaciones maliciosas (curiosamente, casi no hacen críticas basadas en argumentos y datos reales); y sabemos hoy que lo están haciendo con más intensidad que nunca, en todas las formas posibles, en un esquema que coincide con lo que Gene Sharp ha llamado golpe suave o blando. Tal como ocurrió con Manuel Zelaya en Honduras, Cristina Fernández en Argentina, Lula y Dilma en Brasil, y otros casos: campaña de desprestigio, manifestaciones, crisis económicas artificiales, mentiras a nivel nacional e internacional, acusaciones y condenas con jueces a modo; en fin, una gran farsa para conseguir lo que con votos libres y conscientes no puede obtener la derecha. Porque, voto a voto, el pueblo somos muchos más que la oligarquía.

Y deberíamos saber que esta táctica ha tenido éxito en diversas ocasiones, y que sólo los pueblos con conciencia y organización pueden resistir o hasta revertir los golpes duros o blandos, como hace unos meses sucedió en Bolivia. Si queremos que se conserve lo ganado en estos tres años y se siga avanzando en la recuperación de la soberanía para el país y la esperanza para las vidas de la mayoría de los que aquí estamos, tenemos que saber que los potentados que perdieron el mando absoluto (aunque siguen ganando mucho dinero), quieren recuperarlo a como dé lugar, y tenemos que organizarnos, resistir, estar juntos más allá de las diferencias, para lograr un frente común como el de ellos (todos tienen el mismo objetivo: ganar más). Si no, nos quitarán todo eso que gritan que nos va a quitar la 4T.

Contacto: abayonacelis@gmail.com

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