Luciérnagas

Fotografía: Shutterstock

Por: Miguel Ángel Bribiesca Acevedo | Poeta y psicoanalista

(a mis hermanos Lucio, Beatriz, Patricia, Aurora, Juan Carlos, Gabriela, Isabel)

Una mano extendida
recoge el último corazón
de las sienes blancas,
bajo la calle iluminada
por luciérnagas
el eco de una confianza construye la última hermandad.

Un testamento de latidos
se transforma en la zaga
de una vida que ha mirado
a los ojos de la Esfinge,
con la mano derecha
se agradecen
las siluetas de amar
como el centro medular
de lo que se ofrece,
con la mano izquierda
se hace el monumento inmemorial
a lo que se tiene para recibir
en el puente de los acertijos
y sus respuestas.

Ni tarde, ni perezosamente, siempre se llega
a ese territorio espiritual
que recoge entre sus brios
todos los latidos
de la tierra vagabunda.

Cada uno se podrá ir
cuando ha querido,
dejará bajo sus pies de despedida
esa tenue aurora boreal
de la extrañeza,
pero la magia es la misma,
ese halo perdura siempre
como el trazo remoto
de la calle iluminada
por luciérnagas.

@Todos los derechos de autor.

Contacto: vienafreud@hotmail.com

Celular: 442157 9031

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