De aeropuertos y selvas. Segunda parte: El Tren Maya ¿Ecocidio?

Columna: Política de emergencia

Por: Armando Bayona | Biólogo

Quiero reconocer ampliamente el espléndido reportaje que nos brindó Meme Yamel, hace unos días, desde los territorios del Tren Maya en Quintana Roo. Con su intuición y profesionalismo nos llevó de la mano desde las causas macro del verdadero deterioro ecológico, hasta el detalle de los poros en el suelo. Este artículo le debe mucho a su investigación.

Como de muchos otros asuntos, ahora algunos famosos hablan del ecocidio que causará el tramo 5 del tren maya, aunque también afirman no ser expertos, sólo les han informado  que no cuenta con una manifestación de impacto ambiental (MIA) y que destruirá la selva y los cenotes. AMLO contesta que se trata no de selva sino de acahuales y que sólo se tirarán 400, 500 hectáreas de ellos…

Pero ¿Qué es la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA)?

La MIA es un estudio técnico que contrata un promovente (es decir, una empresa, empresario o gobierno que necesita justificar la destrucción que causará una obra o proyecto),  para que la realice un técnico que, si quiere cobrar, debe justificarla a como dé lugar. Se trata de un estudio muy complejo y técnico, que en cientos de páginas describe detalladamente el área del proyecto, diagnostica y califica los impactos de la obra sobre los componentes del medio ambiente y propone medidas para compensarlos.  En él se argumenta con toda la fuerza posible para que legalmente se apruebe la destrucción de lo que la ley intenta defender. Existen numerosos ejemplos de cómo las MIAs han sido manipuladas para destruir el medio ambiente.

Sólo un caso entre cientos: para construir el llamado Acueducto II, una tubería de 120 Km que lleva agua de un manantial en el río Moctezuma hasta la ciudad de Querétaro, la MIA asegura que en todo el trayecto a través de 5 municipios sólo se eliminarían 70 hectáreas (ha) de vegetación natural. En realidad, al medir la destrucción con imágenes de satélite resultó que se desmontaron casi 300 ha ¡cuatro veces más!  ¡Y sólo en el municipio de Cadereyta!

Hasta el momento nadie se ha responsabilizado del daño; ninguna instancia, como la PROFEPA o grupos ambientalistas, actuó al respecto.

La burocracia ambiental, legaloide y corrupta, se ha entronizado en la lentitud de los trámites, análisis y dictámenes, en lugar de ayudar a cumplir los objetivos de la ley, se presta a la discrecionalidad y la tranza. En estos últimos años, además, me parece que funcionarios heredados del régimen anterior podrían estar saboteando para obtener resultados mediocres o negativos y minar la confianza ciudadana en la 4T. Esa podría ser una de las motivaciones para el acuerdo del 22 de noviembre pasado que no busca ocultar información sino agilizar los trámites para cumplir a tiempo con los compromisos.

Los llamados promoventes; sí, esos que quieren destruir cerros para sacar tepetate, eliminar bosques y suelos para construir fraccionamientos, extraer más agua para cerveceras, etc., están en contra de lo que la SEMARNAT debe proteger para cumplir con los mandatos de la Constitución en la materia. Las MIAs y ETJs son mamotretos gruesísimos que siempre (porque para eso se les pagó a los técnicos) justifican el proyecto o minimizan los impactos para que la obra se apruebe y, créanme, hay muchos recovecos para lograrlo.

La destrucción de las áreas naturales representa para los desarrolladores inmobiliarios una importante fuente de capital y la burocracia ambiental se ha convertido en su aliada, mientras que los especialistas que deben dictaminarla, avalan esa destrucción en aras de los beneficios de un supuesto progreso.

Lo anterior no invalida el hecho de que quienes están construyendo el tren deben entregar la MIA y deben responder ante la ley vigente. Cosa que acaba de ocurrir el 18 de mayo. El dictamen es que el tramo 5 sur del tren «es viable en términos ambientales y legales» y los potenciales impactos podrán ser mitigados.

Y ¿Qué es un acahual?

Si suponemos que todo el trayecto del tren Maya estuviera cubierto por la vegetación natural característica de esta zona, en estado saludable y en extensión homogénea (vegetación primaria), y se tuvieran que derribar los árboles o retirar toda esa vegetación en un tramo de 1,550 km de longitud por 50 metros de ancho, esto representaría una deforestación de poco menos de 8 mil hectáreas, pero resulta que la mayor parte de estos terrenos están constituidos no por vegetación primaria, sino por acahuales, los cuales bordean la antigua vía del tren en desuso, las autopistas, y las brechas de las torres de alta tensión (que siempre deben permanecer limpias de árboles), por donde va a pasar el nuevo tren, tal como lo ha explicado AMLO.

Un acahual no es selva intacta o vegetación primaria, sino que es vegetación que ha sido manejada por el hombre: usada para la agricultura, alterada y restituida por siglos; que nunca alcanza la densidad, la composición de especies y el arreglo natural que tiene una selva primaria. Un acahual es un estadio de crecimiento de la vegetación formado por arbustos altos y algunos árboles jóvenes, de tallos generalmente delgados, que se desarrolla en donde se taló y quemó la vegetación, generalmente de selva o bosque tropical, varias o muchas veces desde décadas atrás y con mucha frecuencia para sembrar milpas.

Un acahual es producto de un procedimiento agroecológico milenario que se conoce como roza-tumba-quema. El área deforestada se siembra por un tiempo y luego se le da descanso por varios años, crece el acahual y el suelo recupera nutrientes; y luego vuelve a quemarse y se dejan descansar otras áreas cíclicamente. Esta técnica ancestral está contemplada en las leyes federal y estatales de protección al medio ambiente que no tienen objeciones de que se tire periódicamente el acahual porque, bien realizado, es parte de un procedimiento tradicional y sustentable.

Si hacemos una revisión de toda la ruta del tren  mediante imágenes de satélite y vistas de calle, podemos corroborar que el presidente está en lo correcto, que conoce y sabe distinguir una selva de un acahual. Pero no nos lo ha explicado, y tampoco se lo han preguntado los periodistas.

Lo que es muy importante apuntar es que, de acuerdo a con la Ley Federal y el reglamento en la materia ambiental, es legal tirar un acahual, y no requiere la presentación aprobación de una MIA, excepto en el caso de un cambio de uso permanente, tal es el caso de una vía férrea.

Evidentemente, donde se tiró la vegetación para construir vías del tren hace varias décadas, también se desarrollaron acahuales en los derechos de vía. Hoy en día los terrenos sobre los que se construyó la autopista Escárcega- Chetumal, en cuyos derechos de vía se construirá el tren maya, son: acahuales, parcelas agrícolas, potreros, derechos de vía y un trocito de aproximadamente 9 kilómetros de terreno dentro de la reserva de la biósfera de Calakmul, donde también allí, los derechos de vía ya han sido impactados desde hace años.

¿Y los cenotes?

A últimas fechas se ha hablado del tramo 5 sur del tren, que tuvo que desviarse de su trazo original a lo largo de decenas de kilómetros. Allí fue donde protestaron los flamantes ambientalistas para decir que la construcción del tren destruiría las selvas y acabaría con los cenotes y los ríos subterráneos. Un par de cosas sobre la geología de la península de Yucatán, para que las conozcan los ambientalistas y las recuerden los especialistas:

a) Prácticamente la totalidad del territorio de la península se encuentra formado por roca caliza de origen arrecifal, en proceso de elevación desde el fondo del mar.

b) La caliza es bastante soluble en agua, de modo que la lluvia (más ácida que el agua marina) ha penetrado por muchos miles de años en la roca y, al disolverla, formado por todas partes oquedades desde muy pequeñas, a unos cuantos centímetros de la superficie, hasta amplias cavernas por las que corren ríos. Algunos de ellos tienen salida, surgen, ya mar adentro.

c) Cuando se debilita, debido a esa disolución, el techo de una caverna, se desploma sobre el piso de la misma, formando depresiones generalmente de forma redonda u ovalada, llamadas dolinas y, aquí en la región maya, cenotes. A veces los escombros bloquean el río, y el derrumbe se rellena con suelo, o bien el río sigue corriendo en el fondo de un pozo natural, muchas veces decenas de metros por debajo del nivel del terreno.

d) Hay miles de kilómetros de cavernas en toda la península, y alrededor de 7 a 8 mil cenotes.

e) Todas las ciudades, granjas, carreteras, hoteles, los altos y pesadísimos basamentos y templos prehispánicos y, por supuesto, las carreteras y vías férreas antiguas, presentes y futuras, están encima de esta red subterránea y podrían desplomarse sobre ella en este momento, o… pueden pasar cien años antes que se abra un nuevo cenote.

Gráfico 1: mapa de pérdida y/o ganancia en la vegetación en la península. Global Forest Change

Y ¿La selva?

¿Cuánta vegetación arbórea se ha perdido en los estados peninsulares?

De acuerdo a la carta de vegetación y uso del suelo, Serie 6 del INEGI, en los tres estados peninsulares (Yuc., Camp., Q.Roo), durante siglos se ha provocado la pérdida permanente de la vegetación en casi 3 millones de hectáreas (), de un total de 14 millones, es decir poco más de la quinta parte de su superficie total. Las zonas con vegetación en buen estado tienen una superficie similar, un poco más de 3 millones de ha (una superficie equivalente al estado de Guanajuato), mientras que las áreas con vegetación secundaria, derivada de selvas, pero con cambios producto del manejo, acahuales arbustivos o arbóreos, suma 7.7 millones de hectáreas (casi la superficie de Tamaulipas), que abarca más de la mitad del territorio peninsular.

El mapa en este texto proviene de la página Global Forest Change, de la Universidad de Maryland, y nos puede dar una idea general de dónde, cuánto y para qué se han eliminado los bosques tropicales en la región. Es parte de un mapa a nivel mundial que se genera automáticamente mediante la superposición de imágenes de satélite de varias fechas en las que se identifica el follaje verde de los árboles y los cambios en él. Las zonas rojas son aquellas en las que había follaje y desapareció entre 2000 y 2021, como desmontes para potreros (1),crecimiento urbano y agricultura industrial (2, 3); mientras que en las zonas verdes hubo y sigue habiendo follaje, de vegetación primaria o acahuales, estos últimos probablemente en dos terceras partes del total (5); en las áreas negras, no había, y sigue sin existir, follaje; en azul, donde se repuso vegetación entre 2000 y 2012 (4) y en magenta en donde hubo tanto pérdida como ganancia, estos dos últimos probablemente agricultura nómada o de roza-tumba-quema. De acuerdo a este estudio, aproximadamente se perdieron unas 196 mil hectáreas de vegetación de selvas o acahuales en la península, entre 2000 y 2021.

Pero ¿Cuánto son 196 mil hectáreas? Para darnos una idea, son casi 50 mil hectáreas más que la superficie de la Ciudad de México, antes Distrito Federal, que mide en números redondos 150 mil: es decir 1.3 ciudades de México.

Y ¿Cuánto habíamos dicho que se deforestaría o deforestará con el Tren Maya? Si todo hubiera estado rodeado de selvas, menos de 8,000 hectáreas, en todo su recorrido. Esto se representa en el gráfico 2:

Si sobreponemos el trazo de las vías sobre la carta de vegetación de INEGI, resulta que sólo en poco menos del 8% (unas 550 hectáreas) del trayecto es sobre selvas primarias, o poco alteradas; 48% de acahuales arbóreos y arbustivos  y 44% es sobre áreas sin vegetación, potreros y parcelas básicamente. Esta es la mejor aproximación posible sin hacer un recorrido total y cuidadoso sobre el terreno. En el gráfico 3 se aprecia esto (donde toda la superficie del círculo corresponde a la barra pequeña del gráfico 2):

No es fácil sacar conclusiones de todo esto, unos dirán que tirar un solo árbol es imperdonable; otros les preguntarán dónde estaban cuando se alteraron y conectaron cenotes para hacer falsos templos y albercas y hasta hoy 1,200 hectáreas de excavación (de las 2,400 que tiene concesionadas una empresa extranjera) directamente sobre y dentro de los ríos subterráneos del sistema más grande y frágil del mundo y el arrecife que fue dragado para crear un puerto.

¿Cuántas cavernas, restos paleontológicos, joyas prehispánicas, especies únicas, se perdieron? Nadie lo sabrá jamás, porque su método para extraer material es mediante el empleo de explosivos, que todo lo destrozan… Y dicen que ¿¡Para llevar cal a construcciones en Estados Unidos!? Cuesta trabajo creerlo.

Todo progreso causa daños a la naturaleza y al medio ambiente. El objetivo de  las MIAs es el de ponderar este daño y proponer cómo minimizarlo, y compensarlo; y si el recurso o el territorio que se va a alterar tiene un valor mayor (el económico, claro, pero hay otros más importantes) que el nuevo uso, o viceversa.

El Tren Maya como todo  proyecto de desarrollo, tiene posibles malos efectos sociales y económicos, si se deja al mercado y al turismo industrial hacer cuanto quiera, pero los efectos ecológicos son bastante menores.

Si me hubieran encargado la MIA del Tren Maya, incluido el tramo 5, habría aceptado porque creo que es ecológica, social y éticamente adecuado; la deforestación y el riesgo al acuífero relativamente menores y se pueden prevenir o compensar, más aún comparados a toda la destrucción de áreas naturales ocurrida por siglos y especialmente en el actual; un pequeño daño que se compensará de muchos modos, entre ellos la siembra de un número mayor de árboles nativos de lo que se haya visto jamás.

Fuentes:

Bayona y Chávez Martínez, 2013. Cuantificación de las áreas afectadas durante la construcción de un acueducto en una zona de alta diversidad biológica en Querétaro, México; hábitat prioritario para la conservación de cactáceas y suculentas amenazadas y endémicas, en: https://biblat.unam.mx/hevila/Cactaceasysuculentasmexicanas/2013/vol58/no2/2.pdf

Hansen et al. Global Forest Change consultado en Abril 2022 en https://glad.earthengine.app/view/global-forest-change

Instituto Nacional de Estadística y Geografía, INEGI. Conjunto de datos vectoriales de uso del suelo y vegetación Serie 6, Aguascalientes, 2017

Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable vigente (2022) y su reglamento (2020). Gobierno de México

Trazo del Tren Maya inferido por los mapas publicados y los de los caminos, líneas de alta tensión y vías férreas en desuso a partir de las cartas topográficas del INEGI.

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